El artista que mató a Garfield e hizo del mundo un lugar más deprimente
Un maullido flojo y desinteresado sonó por primera vez en nuestras mentes el 19 de junio de 1978. El mundo vio nacer al que posiblemente es el gato más famoso del mundo. Garfield –creación de Jim Davis– fue publicado por primera vez con un diseño bastante diferente al que todos conocemos y evolucionó hasta convertirse en la tira cómica más conocida en todo el mundo. El odioso personaje anaranjado amante de la lasagna ha aparecido en más de 2 mil 500 periódicos alrededor del planeta dando humor ligero sobre hábitos comunes a millones de lectores. El reconocimiento de la obra es un recordatorio de que la sencillez de una creación puede ser apreciada a pesar de no tocar temas políticos o sociales. Pero todo eso cambió el día que un hombre mató a Garfield y el mundo dio un giro bastante oscuro.
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Garfield nunca fue muy complejo. Su sarcasmo, humor y “líneas únicas” eran hilarantes y nos invitaban a seguir leyendo, pero detrás de todo lo que veíamos, se escondía un lado perturbado que dejamos pasar. Dan Walsh, un informático de Irlanda miró al fondo de los ojos de Jon Bonachon (o Jon Arbuckle) y notó que sus problemas existenciales y su destrucción de personalidad estaban siendo ocultos por el resto de los personajes: Garfield y Odie. Así que para tratar la “enfermedad” de Jon, tomó sus armas y eliminó de la faz del universo de los cómics al gato preferido de todos.
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¿El resultado? Absolutamente escalofriante. La mente de Jon sin los comentarios de Garfield o los jugueteos de Odie se convierte en una compleja maraña de pensamientos deprimentes que incrementan su sentido cuando recordamos que la historia está situada en un suburbio tradicional de Estados Unidos, en Indiana. Su soledad psicológica nos recuerda al personaje de Kevin Spacey en la excelente película American Beauty, que hace un análisis deconstructivo de la “vida perfecta norteamericana” desde la perspectiva de una familia “típica” hasta que vemos la putrefacción bajo la falsa fachada.
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Sin Garfield la vida de Jon tiene aún menos sentido. Su individualidad se ve aún más delimitada y aunque al inicio podría parecer hilarante notar cómo un diálogo unidimensional (que originalmente era entre dos personas) puede cambiar tanto el significado hasta revelar preguntas existenciales que enorgullecerían a Jean Paul Sartre y un descenso a la locura que haría sonrojar a Charlie Kaufman. Walsh no fue el primer ilustrador en matar a Garfield, pero sí el que explotó completamente las expresiones de Jon Bonachon hasta hacernos ver que ya no estamos leyendo “Garfield”, sino “la horrible vida de Jon”.
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Pero, ¿cómo es posible que un giro de semejante magnitud suceda con sólo quitar un personaje? Parece incluso que los diálogos de Jon estaban diseñados para funcionar también en un sola dirección, como si estuviese hablando consigo mismo, pero suena poco probable que Jim Davies –creador del personaje– quisiera plasmar una depresión mucho más fuerte en Jon, quien sí sufría de distintas problemáticas personales, si llegamos a considerar en que el universo de Garfield estaba en movimiento. Es decir; a pesar de ser tiras cómicas de unos cuantos recuadros (tres o nueve en algunos casos) podemos suponer que los personajes no son unidimensionales, son complejos de una forma simple, pero siguen siendo representaciones psicológicas de una idea.
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No sabemos precisamente cuál era ese pensamiento, pero los experimentos de Dan Walsh revelan esa oscuridad detrás de un mundo más “plano”. La compilación enorme de trabajos que ha modificado son conocidos como “GarfieldMinusGarfield” y es descrita como “un profundo viaje dentro de la mente de un joven hombre solitario común mientras pelea una batalla imposible en contra de la soledad y la depresión en un callado suburbio norteamericano. El mismo Jim Davis le ha dado reconocimiento y en una de sus publicaciones aportó una introducción y algunos intentos de sus versiones del universo sin Garfield.
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No sabemos si Davies integró depresión y soledad a un nivel enfermo de forma inconsciente en su obra, pero aún nos sorprende cómo todo puede cambiar si desaparecemos a un ícono de la cultura pop. En nuestra mente podría resultar como una casualidad, pero gracias a la profundidad que nos presenta la modificación de Dan Walsh podemos pensar que quizás Garfield solamente vivía en la cabeza de Jon, o en la nuestra y que sin él, probablemente notaremos que el mundo es mucho peor de lo que pensábamos y, de forma inesperada, caeremos en la locura.
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Fuente: GarfieldMinusGarfield.net












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