¡Escritura con la Corett!
Se decía por doquier.
¡Escritura con la Corett!
Se escuchaba en el andén.
Sin saber y sin escuchar,
el mexicano solía ignorar,
todo peligro y toda verdad
olvidando su tranquilidad.
Cuando a dormir se disponía,
La huesuda lo veía,
Y entre sonrisas le decía:
Tu propiedad será mía.
Asustado por la afirmación,
a la Corett le corrió,
Fue atendido con emoción;
Y por fin, su casa escrituró.
Contento, su papelito presumió
y la huesuda muy triste se quedó,
entre lamentos expresó:
con la CORETT, hasta escrituro yo!.
. . . Oficina . . .


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